5 hábitos de éxito

Hablar de desempeño y autoliderazgo puede sonar a radio fórmula musical. Primero se programa una plantilla automatizada de melodías pegadizas con los mismos acordes que gustan a todo el mundo durante unos meses pero poco después se pasan de moda y se olvidan, ¡menos mal! Sin embargo, los 5 hábitos que voy a compartir contigo son temazos clásicos incombustibles al paso del tiempo que me acompañan hoy y lo harán siempre hasta que me dedique a  criar malvas porque a ellos les debo más productividad, claridad para encontrar los valores que guían mi camino, propósito vital pero sobre todo más felicidad:

  1. Levantarse pronto. El autor Robin Sharma habla con frecuencia de la importancia de madrugar para entrar dentro del club de las 5 de la mañana y poner tu vida en otro nivel. ¿No crees que has exagerado un poco Robin? En España no están puestas ni las calles a esas horas y si algún vecino me ve salir de casa para correr un rato, se va a preocupar un poco. No se trata de establecer una hora en concreto para empezar el día ya que no se cena a la misma hora en Madrid, Estocolmo o Chicago, más bien de crear el hábito de levantarse pronto. El contexto sociocultural, como sabes, influye de forma muy clara en nuestros hábitos diarios. En mi caso, me levanto a las 6 y pienso que es suficiente para comenzar el día con una puesta en marcha que consiste en invertir la primera hora del día en el activo más importante que tenemos: uno mismo. La forma de prodecer es a través de una rutina de ejercicios de yoga y estiramientos que dura unos 15 minutos, una meditación de 20 minutos y finalmente una revisión de la agenda semanal que me otorga foco en mis objetivos principales del día: no laboral, otro personal y el último social.
  2. Planear la semana. Incorporar este hábito ha sido una revolución en mi productividad personal porque no sólo me ha ayudado a definir objetivos a medio y largo plazo, sino que cada día me da claridad para descartar muchas cosas que aparecen a diario en nuestras vidas y son ruido. En esta agenda sólo incluyo tareas importantes pero no urgentes de todas las áreas vitales (espiritual, mental, social, física). Jamás incluiría en mi agenda semanal una actividad como: “Terminar el informe del semestre” o “Llama a Vodafone para cambiar la tarifa”. Sólo planifico tareas relacionadas con la recreación, el ejercicio físico, cuidado personal, la construcción y mejora de relaciones, el desarrollo personal, aprendizajes y la búsqueda de nuevas oportunidades. Sé lo que estás pensando, ver una agenda así todos los días es una maravilla, ¿verdad?
  3. Buscar la excelencia en todo lo que hagas. No importa si estás haciendo una tortilla de patata, besando a tu chica o atendiendo a un cliente. Cuando entregas lo mejor de ti y tomas consciencia de ello, empiezan a ocurrir cosas buenas como por arte de magia. Limítate a jugar a probarlo y si no funciona no pierdes nada, en unas semanas me cuentas.
  4. Aprender todos los días. El entretenimiento está totalmente sobrevalorado, sobre todo cuando te das cuenta que si eres capaz de aprender todos los días un poco sobre relaciones, dinero, emociones, pareja o salud te empieza a ir mejor. Por ello dedico al menos dos horas al día para aprender en cualquier formato, mi favorito es la lectura.
  5. Reflexionar al terminar el día. Hacer un repaso mental de todo lo acontecido, escribir, agradecer o meditar en soledad te aporta esa pausa para descansar mejor y tomarte los desafíos de la vida como pequeños maestros que te enseñan a crecer. En mi opinión el repaso mental combinado con la meditación es suficiente pero si eres capaz de escribir unas líneas para terminar la jornada, el proceso reflexivo tiene más calidad y transferencia a todo lo que hagas al día siguiente.

En mi caso, agradezco la fortaleza e inspiración diaria para hacer de todas estas ideas una brújula que me guía y un foco que me da mucha luz. Escucha música inspiradora y comienza a soñar a lo grande.

El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestras aspiraciones sean muy altas y las desaprovechemos, sino que son demasiado humildes y las alcanzamos” Miguel Ángel.

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Elecciones minimalistas

¡Queda poco tiempo! Pero el suficiente para poner en marcha una nueva idea en la búsqueda de un nuevo paradigma de reducción y simplificación de mi vida.

Desde hace casi dos años Belén y yo vivimos sin televisión y ya he olvidado por completo el momento en el que tiramos esa brillante pantalla. A día de hoy, puedo decir que ha sido una de las decisiones que más repercusión ha tenido en mi aumento de horas de lectura, tiempo dedicado al aprendizaje y disfrute del momento presente.

En España, lugar donde residimos actualmente, tendrá lugar un nuevo show electoral el próximo 28 de abril con todo el ruido que eso conlleva. A pesar de nuestra estricta dieta hipo informativa, si vives en comunidad y trabajas como docente es imposible no enterarse del guirigay político, de lo que dicen unos y otros, de las discusiones estériles que no llevan a ningún lado y de todo el ruido mediático que se genera en torno a un acontecimiento de tal magnitud. Por todo ello, mi experimento de hoy pretende simplificar mi decisión para ejercer el derecho al voto. No me apetece consumir nada que tenga que ver con las próximas elecciones por varias razones, entre otras: nos cuestan mucho dinero a los ciudadanos, no hay líderes atractivos y los discursos están vacíos de contenido relevante para mejorar la vida de las personas.

Mi estrategia para elegir un candidato va a ser abierta y sin sesgos ideológicos, que como todo hijo de vecino los tengo. Escribiré un correo electrónico a cuatro amigos que viven en diferentes partes del mundo -Oceanía, América, Europa y Asia- para preguntarles cómo les va la vida y de paso que me asesoren desde sus diferentes visiones para decantarme por alguna de las opciones o quizás por ninguna.

Las cinco personas que he elegido tienen visiones de la vida e ideologías diferentes pero cuentan con  criterio propio, o por lo menos los resultados que han obtenido en su vida eso demuestran. Creo que me pueden ofrecer una visión poco contaminada de los medios nacionales y objetiva. Por eso voy a confiar en ellos mi decisión.

No quiero sacar conclusiones adelantadas pero si me gustaría escuchar ideas o aportaciones sobre el experimento, ¿Qué te parece?

¡Escribiré otra entrada con las conclusiones y quizás con mi voto!

 

Desgraciados los hombres que tienen todas las ideas claras” Louis Pasteur

Operación bikini de mi cartera

Desde hace algunos meses estoy aprendiendo nuevos hábitos para mejorar mis finanzas personales, me interesa cualquier asunto en relación a ganar, conservar y multiplicar mi dinero. Creo que no me he transformado en una persona materialista, más bien mi relación con la energía del dinero ha cambiado por completo desde que pasaron por mis manos algunos libros sobre educación financiera. Una vez más bendigo el poder de cambio que tiene la lectura.

En cualquier caso, hoy os quiero contar una historia que me ocurrió el sábado pasado cuando mi chica y yo salimos a cenar a un local de la ciudad donde vivimos. Todo iba sobre ruedas hasta el momento previo a  pagar la cuenta, fue entonces cuando intenté sacar mi cartera del bolsillo pero tal era su tamaño que tuve que levantarme de la mesa para poder sacarla con gran esfuerzo. En ese momento me di cuenta que ella tenía sobrepeso y había que ponerla a dieta con el objetivo de reducir su tamaño. Por ello decidí poner en marcha cinco estrategias para llevar a cabo su operación bikini:

  1. Llevar solo una tarjeta de débito. Desde hace meses realizo una revisión mensual de gastos e ingresos que me ayuda a conocer el estado de mis finanzas personales. Entonces, tener un solo extracto de tarjeta me puede ayudar a simplificar ese análisis. Por otro lado, las posibles compras en internet las voy a hacer a través de Paypal, de esta forma elimino una segunda tarjeta que tenía para estas operaciones.
  2. No voy a utilizar la tarjeta de crédito. Aunque no me planteo anularla, no la voy a llevar en la cartera porque no quiero comprar cosas que aumenten mi deuda. En mi opinión esto me dará más control sobre mi situación financiera y evito la tentación de comprar cosas que no puedo pagar hoy.
  3. Voy a llevar dinero en efectivo en la cartera, así tendré más control del dinero que gasto y sobre todo no doy información al banco para que conozca mis puntos débiles, ¡todos los tenemos!
  4. No voy a usar mi cartera para almacenar tickets. Prefiero dejarlos al final del día en un sobre y que esperen al final de cada mes para ser revisados. Para llevar el control de gastos pequeños, utilizaré una aplicación de móvil.
  5. No voy a llevar fotos ni tarjetas de visita. En realidad tenía la creencia que llevar fotos en la cartera era una entrañable costumbre de abuelas y almacenar tarjetas de visita era un hábito de señores mayores muy ocupados del siglo XX. Tengo que confesar que he quitado unas cuantas fotos y tarjetas de mi cartera y para que nadie se enfade voy a  digitalizar las tarjetas y las fotos de esposas, amantes, maridos y nietos de forma muy fácil para llevarlas siempre conmigo en el móvil.
  6. Voy a dejar en casa todas mis tarjetas de fidelización. He decidido dejarlas en una caja y sólo cogerlas cuando las vaya a uutilizar. Aplicaciones como Stocard permiten escanear los códigos de las tarjetas y así llevar toda esta información en una aplicación. ¡Estoy seguro que puede ser una apuesta ganadora a favor de la simplificación!

Me encantaría escuchar vuestras estrategias o consejos para simplificar finanzas o acelerar la operación bikini de mi cartera que todavía tiene que bajar unos kilos, o al menos eso me gustaría.

Lenguajes del amor

Es verdad que se puede vivir desde la energía del miedo jugando a  no perder en lugar de ir a ganar. En mi caso, prefiero la segunda opción porque te permite coger las riendas de tu vida, asumir que los errores son aprendizajes y en definitiva saborear la aventura de la vida en cada momento.

Para poder lograrlo, es necesario comunicar este “amor” de forma directa y clara, o al menos que el receptor así lo perciba. Por lo tanto, será importante conocer los diferentes lenguajes de dicho amor. Son cinco idiomas diferentes, puedo hablar y entender uno o los cinco pero es necesario hablar el mismo sino quiero vivir un “lost in traslation”

  1. El contacto físico es una forma muy fácil de comunicar el amor porque no requiere palabras. Un gesto de cariño, mirada, caricia o un abrazo ayuda a transmitir afecto de forma inmediata. Por ello, quitar el componente emocional del contacto físico frivoliza la comunicación. ¡Somos muy afortunados de vivir en una cultura del abrazo y donde el contacto físico no está mal considerado!
  2. Las palabras ponen en valor nuestros sentimientos en relación a los demás y forman una huella imborrable en nuestra mente sobre experiencias agradables y no tanto que hayamos vivido en el pasado. Además, el impacto emocional si son pronunciadas por una persona importante para nosotros es descomunal, por lo tanto… ¡Cuidado con las palabras hirientes que pueden dejar una marca negativa para el futuro de cualquier relación!
  3. La atención mantenida en el tiempo dirigida a una persona la llamaremos tiempo de calidad. En mi opinión, esta forma de expresión del amor es muy valiosa hoy porque vivimos en un mundo donde las distracciones son constantes y las fruslerías inventadas para aniquilar tu tiempo son casi infinitas. Podríamos decir que la atención es el oro de nuestro tiempo, ¿verdad? Cuando compartimos nuestro tiempo con amigos, pareja o hijos no es importante determinar qué actividad voy a realizar porque el foco es la otra persona. Hacer el Camino de Santiago con un ser querido o dar un paseo mientras conversas sin estar pendiente de la hora es un ejemplo de pasar tiempo de calidad.
  4. En una sociedad excesivamente consumista, el regalo ha perdido la nobleza y su esencia. Puede ser un objeto que se entrega con amor sin necesidad de convertirse en una herramienta de manipulación, pago de servicios prestados o compromiso que hacen que los regalos hayan perdido la razón de ser. En mi opinión, en importante saber recibir y dar regalos y además disfrutarlo con la misma intensidad. ¡Si te cuesta recibir regalos, trabaja esa faceta del amor!
  5. Cuidar a los demás a través de actos de servicio o entrega, que no es una necesidad u obligación simplemente algo que quiero hacer por los demás. Si además puedes servir a tus seres queridos enseñándoles algo, mucho mejor “No les des peces, enséñales a pescar”

Reconocer el lenguaje del amor de las personas de nuestro entorno abre cauces de comunicación emocional que permiten una convivencia más saludable y humana pero sobre todo nos hace tomar conciencia de la importancia de conocer el lenguaje que habla la persona o personas realmente importantes en nuestra vida.

¿Qué puedo aprender de esto?

Desde que comencé a hacer algunos ajustes en mi vida  me he dado cuenta de la importancia de diferenciar entre dedicación y esfuerzo. Lo primero es fundamental en el camino para lograr metas ya que destinar tiempo a hacer cualquier actividad permite lograr los objetivos, sin embargo lo segundo no merece la pena ya que genera estrés y sólo lleva a lograr resultados mediocres. Una planta necesita tierra fértil, agua y sol dedica tiempo a crecer pero no se esfuerza lo más mínimo en hacerlo.

Mi relación con la lectura siempre había sido una historia de amor complicada. Era una novia que había que tener pero a mí no me gustaba nada de nada. Desde pequeño, nadie supo contagiarme esa pasión por los libros que es necesaria para iniciar una afición. Me acuerdo de las lecturas del colegio o instituto que eran los clásicos metidos con calzador o bien obras poco atractivas para la edad. El reto estaba claro, buscar cualquier excusa o trampa para no pasar tiempo leyendo. Todo ello tuvo fatales consecuencias y me convertí en un lector de compromiso y rácano, quizás un par de libros al año con el objetivo de pasar el tiempo en vacaciones o compartir aficiones que por mi profesión o nivel de estudios se suponía que debía de tener.

Todo cambió con un libro que me transformó en una persona eficiente, después otro que me ayudó a empezar a entender mis problemas con el dinero y después llegaron más que me ayudaron a comunicarme mejor, ordenar mis cosas, meditar, comer mejor, negociar y una lista interminable de aspectos que han mejorado mi vida y me han permitido llevar a la práctica todo lo aprendido en el papel. ¡Esta es la única forma de subir de nivel en todas las áreas de la vida!

En mi experiencia personal, dedico bastantes horas semanales a la lectura porque ya no me supone un esfuerzo. Escapo del mero entretenimiento porque el principal propósito de mi camino es convertir cualquier experiencia en un aprendizaje y la lectura también tiene que serlo, o al menos para mí.

 

Nunca he dejado que el sistema educativo interfiera en mi educación” Mark Twain

¡No nos vamos de puente!

 

Hoy es un frío sábado de diciembre y mucha de la gente que conozco está disfrutando de un estupendo  puente, es decir unas vacaciones que alguien ajeno a ti decide que tienes que disfrutar en unos días marcados en rojo en el calendario. En el peor de los casos, podría ser que fueses tu propio jefe y decidieses unirte a la peregrinación de estresados hombres y mujeres que trabajan duro para poder permitirse estos “lujos” necesarios para volver con las pilas cargadas.

Desde mi punto de vista es un ejercicio de libertad que la gente disfrute de su tiempo de ocio y vacaciones cuando le apetezca pero me gustaría hacer tres reflexiones respecto a las salidas masivas de gente en unos días concretos:

  1. Si hablamos de finanzas personales no es una buena idea para una persona, pareja o familia pagar el doble o el triple por restaurantes, alojamientos, vuelos y otros gastos asociados a cualquier salida de tres o cuatro días.

Las salidas exprés o pequeñas vacaciones se han convertido en un despropósito porque se paga un precio elevado por un servicio de menos calidad y en términos de productividad son muchas las horas de trabajo que necesitas para pagarte ese hotel o esa comida que en otro momento del año va a costar mucho más barato. Un truco que me ha funcionado para ser más consciente del valor real de las cosas o experiencias es calcular cuánto vale tu hora de trabajo, algo tan sencillo como dividir tu sueldo entre las horas que trabajas al mes ¡Primero calcúlalo y después paga!

  1. El tráfico suele ser otro problema en los desplazamientos masivos y eso implica aumentar los tiempos de espera y un ejercicio estoico de paciencia sobre todo si vives en una gran ciudad o tu destino es muy concurrido. Una vez más no parece lógico salir cuando todo el mundo escapa de la ciudad porque si buscabas serenidad y descanso te has confundido de lugar y momento. ¡Te vas de una ratonera y entras en otra!
  2. Las aglomeraciones de gente en las visitas de monumentos y actividades hacen que tu experiencia sea mucho menos placentera ya que nuevamente te encuentres en un paradigma de práctica intensiva de paciencia si tu objetivo es desconectar de la rutina. ¡En las fotos, siempre va a aparecer algún guiri o dominguero con cara de despistado!

Así que por todo ello: paseo en entornos donde no encuentro mucha gente y puedo conectar con la naturaleza, preparo una cena especial cocinando algo que nunca cocino, paso tiempo con la gente importante para mí, escucho música y toco un instrumento, escribo una lista de agradecimientos u objetivos vitales para el próximo año, medito para conocerme, leo un libro para mejorar en cualquier faceta de mi vida y decido no correr detrás de una zanahoria que no me hace sentir pleno.

 

“Siempre que te descubras en el lado de la mayoría, es hora de detenerse y reflexionar” Mark Twain

Pigmalión

Si fuese posible mejorar el rendimiento de otras personas a través de nuestras creencias y expectativas sobre ellas, ¿seríamos capaces de ayudarlas?

Esta idea de poder ayudar a los demás a través de algo tan poco tangible puede convertirse en una clave del liderazgo para ayudar a las personas que se encuentran en nuestra zona de influencia. Son muchos las investigaciones que se han realizado sobre el efecto Pigmalión que nos aporta a los educadores una herramienta muy poderosa. Si mostramos a otras personas todo lo bueno que se espera de ellos, se puede sacar mucho partido a cualquier interacción educativa. El desafío está en que las expectativas tengan un formato creíble para que el alumno quiera jugar la partida, así que no se trata de convertir la clase en un seminario motivacional made in de Tony Robbins porque el desenlace podría ser terrible.

El pasado martes, después de sufrir las consecuencias de un secuestro emocional debido a la actitud de un alumno en clase, utilicé una generalización para reprocharle que siempre quería ser el protagonista de la clase; “Siempre tienes que ser el…” En seguida tomé conciencia del peligro de empezar una frase con “Siempre” o “Nunca” ya que no suelen ajustarse a la realidad de los hechos. No es posible construir expectativas fantásticas o tener creencias positivas sobre los demás y dejar los matices del lenguaje en manos de un arrebato o un estado de ánimo personal inadecuado.

Una idea interesante para no lastimar las creencias empoderantes de los alumnos es poner foco en la comunicación que tenemos en clase. Creo en la toma de conciencia del poder de las palabras que salen de nuestra boca y en el poder del refuerzo positivo, así como tratar de evitar el “NO” en nuestras instrucciones.

Como os he relatado antes, después de haber sido consciente de la posible repercusión de mis palabras, decidí hablar con el alumno para aclarar todo lo que había ocurrido: en primer lugar recapitulé los hechos que habían acontecido cuando los ánimos estaban más calmados y le expliqué que mi generalización no había sido acertada porque algunas veces se comporta de esta manera pero en otras ocasiones no. Después le hablé de mis sentimientos en el momento del conflicto y de las cosas concretas que necesitaba de él para futuras ocasiones.

El cambio de actitud del alumno ha sido un milagro, aunque en realidad la magia no está en el hecho en sí mismo sólo en lo que lo precede y ocurre después.